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Revisión Estación Primavera #3

Low + Kid Dakota + Nina Nastasiam 25/04/05 Teatro Salesianos

Con una guitarra y el acordeón de Joshua Carlebach. Así, sin más teatralidad que el talento, NINA NASTASIA inauguraba la segunda estación, primavera, del Festival Sinsal 3.0.

La canadiense venía avalada por las excelencias de tres discos donde la principal fuerza emocional es la necesidad de describir sentimientos de ida y vuelta asociados a la angulosa convivencia en pareja, concebidos en el lavabo de un apartamento del, cargado de historias, barrio neoyorquino de Chelsea. Tanto sobre el papel, como sobre las tablas cabría esperar que el trasfondo nubloso, turbio de letras y música pudiera convertir su actuación en una invitación a la lágrima fácil. Pero la llamada a las lágrimas no vendría de la penumbra y sí de la emoción suscitada por la depurada interpretación vocal e instrumental. Sin caer en los tópicos que hablan de postales sonoras sustentadas en la aflicción y en la pose necesitada, Nina Nastasia paseó sin disfraz alguno por lo que es y deja ver, sencilla, tímida, deslumbrando con los sonidos cercanos y reveladores de la cantautora más aventajada de la generación Cat Power, Mirah, Julie Doiron, Scout Niblett o Sarah White. Bastaría con recordar la secuencia de curvas ascendentes, la sensación de vértigo en la bajada o el impacto de una garganta de seda en plenitud para revivir uno de los momentos más sublimes de las dos primeras estaciones de este maravilloso festival. Imaginen, si no, como sonarían: regrets, you hear and me, oh my stars o stormy weather para que más de uno estuviese cuestionando si veía lo que soñaba o soñaba lo que veía.

Al revés de como suele suceder, tras la calma vino la tempestad. KID DAKOTA pusieron el nervio, que no nerviosismo, en una actuación apabullante. Darren Jackson aprovecha esta gira con Low para promocionar su último disco the west is the future (Chairkickers Union 2004) de la mano del excéntrico baterista Christopher McGuire y de la colaboración para el directo de Zak Sally. El resultado no pudo ser más acertado, fusionando country, blues y rock Darren Jackson derrochó tanta personalidad como fuerza para alimentar canciones que en otros podrían parecer horripilantemente monstruosas (me acuerdo de Destroyer o Frog Eyes) pero en sus manos resultaron monstruosamente divertidas. Me explico; podría parecer pretencioso invocar a Norman Bates, David Lynch o el factótum del diseño macabro William Schaff para llamar a la inspiración, pero viendo el despliegue vocal y físico, las uñas pintadas de negro o la pose de traje y corbata se adivinan fondo y no efectismo gratuito. Acentuado el triunfo, si cabe, con la aparición tan inesperada como estelar de Alan Sparhawk. La fructífera venta post concierto del merchandising no dejó dudas, Kid Dakota gustaron.

Cuesta imaginar algo más dañino para el triunfo de las expectativas que un fan contrariado. Fan porque no se me escapa la importancia capital de LOW en la historia reciente de la música y contrariado porque, lejos de la unanimidad de la crítica en considerar cumbre su último disco the great destroyer (Sub Pop, 2005), servidor asiste a un patinazo considerable en la inmaculada carrera, ya de medio fondo, del trío de Duluth (Minnesota). Es cierto que tras diez años de carrera los cambios son necesarios, pero el hecho de cambiar no implica acertar. El cambio apunta a un clima estival y optimista de canciones más fáciles apoyadas en la aparatosa producción de Dave Fridmann, entendiendo por fácil composiciones pop-rock más accesibles que provocarán movimientos de cadera donde antes austeridad minimalista, pulsión comatosa y tensión dramática incitaban a la inquietud neuronal como único ademán. Ahora bien, es muy distinto el juicio en bata y zapatillas sentado en la silla del ordenador al juicio de butaca y teatro en zapatos. Y ahí es donde me como todos los prejuicios, con o sin patatas. Resulta que monkey, california y everybody’s song funcionan, de torpes y extremistas sería no reconocer que la distorsión, sudor y sonoridad indie divierten y deslumbran como esos juegos corales que Alan Sparhawk y una monumental Mimi Parker gracias a dios no han olvidado (on the edge of). A mitad de concierto con las últimas reverberaciones de sunflower culebreando por el teatro, la catarata de adjetivos grandilocuentes boca oreja ya lo había poblado todo. Suena pissing, es ahora el bajo de Zak Sally el que manda, soberbio, sublime, enérgico. Con las guitarras acústica y española llega death of a salesman o la explicación irónica al cambio de rumbo ‘they said music is for fools / you should go back to school / the future is prisms and maths’. Si bien es cierto que los vellos y las escarpias se citaron en that’s how you sing amazing grace, que canciones como two steps, coattails o words no cabían en el tracklist, la discusión entre los acólitos acerca de si le sientan bien o no las pinturas de guerra a Low es inútil. Dada su convicción religiosa y los escasos milagros que les quedan por materializar, alguien debería comenzar los trámites para la canonización, ya.
Texto: Rafael Romero. Fotos: Rafael Romero+Luis Campos