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Revisión Salón Sinsal Outono

revisión salón estación
outono 2005

P.g. Six + Samara Lubelski + James Yorkston 19/11/05 Museo de Arte Contemporánea de Vigo

No sé exactamente cuántos, pero éramos muy pocos cuando Pat Gubler (P.G. SIX) apareció en el auditorio del MARCO con sólo una guitarra acústica enchufada. Estoy convencido que alguno de los que se levantaron y se fueron vería en él al típico fríe-patatas-eterno de cualquier Kentucky Fried Chicken de la gran manzana. Otros, sin embargo, asistimos, con permiso de Matt Valentine, a la exhibición del artista más artista que ha desfilado este año por la programación del Festival Sinsal o ClubeVademecum. ¿Por qué? Por tocar como los cisnes, por cantar la botella medio llena cuando está medio vacía, por saltar del P.g. Six de the well of memory (old man on the mountain no sonó a canción, sonó a evangelio) al P.g. Six de The Tower Recordings cambiando la sombra Thurston Moore por la de un sencillo Pat Gubler o, definitivamente, por disfrazarse de Bert Jansch (lily of the west), Townes Van Zandt (high, low & in between), The Incredible String Band (my name is death) y Jimmie Dale Gilmore (headed for a fall, ésta la chivó al terminar) como quién cambia la pierna de lado en la silla. No es entonces gratuito afirmar que tras esos 36 años tan bien conservados se esconde otro duendecillo superdotado y condenado a un ostracismo cada vez menos comprensible. Ser superior.

Tras la exhibición de Pat Gubler, SAMARA LUBELSKI. Que es tímida no hizo falta que lo confesase en la cena, sí en cambio que hubiese dormido muy poco estos días y estuviese cansada. Sólo así entiendo que su luz brillase menos que de costumbre. En disco, los arreglos y orquestación envuelven la voz de Samara de forma que la música, a través de un folk-pop de clima luminoso y brillante, cristaliza a través de luces matutinas. Expuesta con una guitarra eléctrica, derretir te derrites porque la voz camina entre el orgasmo y el suspiro, pero a medida que iban cayendo las canciones la sombra de la monotonía también planeaba dándole a las canciones un clima más noctámbulo. Tuvo que salir P.g. Six con una flauta para acompañar las últimas canciones y despegarnos de la silla. Aún con todo, tenerla ahí enfrente como si estuviese en el salón de tu casa, provoca que frotes los ojos y fuerces la memoria. Porque recordar the fleeting skies eriza la piel. Palabra.


JAMES YORKSTON
salió el último, sabedor de que lo tenía todo a su favor. Un tipo simpático, bromista, sencillo, capaz de reírse antes de si mismo que de los demás, un oso vamos. Suena heron y ya está todo dicho. Dentro de las pautas country-folk, James Yorkston es lo más indie que puedes encontrar, por animar los entreactos con anécdotas, o por convertir canciones de armazón afligido en himnos para tararear. moving up country roaring the gospel (acompañado de la armónica), we flew blind, hotel, banjo#1 (aún sin banjo) o tender to the blues le gustan a cualquiera, da igual que pienses en tu abuela o en el quiosquero de la esquina. Si hay películas que se etiquetan como road-movies, las canciones de James Yorkston podría decirse que son road-songs: como mantas, abrigan, invitan, incitan a que muevas los pies, a que te rías o a que te pierdas tras el cristal de la ventanilla. Faltó surf song pero la ausencia se vio compensada con lo citado anteriormente o con la adaptación del clásico irlandés lowlands alterado a un ritmo progresivo y enfermizo en comparación a la versión que Alasdair Roberts lleva a un ritmo de cadencia más comatosa. Terminó con i know my love, otra canción tradicional que pareció más neoyorkina que irlandesa. Tras la publicación de just beyond the river (Domino) dije que James Yorkston haga lo que haga es tierra fértil. Sigo pensando lo mismo. Chapeau.