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Salón Sinsal Inverno #3

revisión salón estación
inverno 2005

Josephine Foster + James Blackshaw
23/03/05 Museo de Arte Contemporánea de Vigo

Una de dos, o se convierte en un marrón de grandes proporciones o se convierte en la oportunidad. Más o menos eso debió pensar JAMES BLACKSHAW ante la posibilidad de acompañar a JOSEPHINE FOSTER durante esta gira que les está llevando por Europa. Con un currículum en el que figuran dos cd-r publicados por sellos que habitan el subsuelo (Static Caravan o Celebrate Psi Phenomenon), un split a medias con Davenport y colaboraciones puntuales con uno de los miembros de la familia Jewelled Antler: Glenn Donaldson (Thuja, The Blithe Sons, Ivytree, Franciscan Hobbies, Skygreen Leopards,...) este geniecillo disfrazado en la apariencia inocente que conceden sus insultantes 23 años demuestra una vez más que el nuevo folk camina con paso firme y decidido por la senda de la fertilidad. Presentando canciones de sunshrine/skylark heralds dawn (Digitalis Industries 2005) su último disco, James Blackshaw y su guitarra de doce cuerdas, con la vista puesta en la estela de los totémicos Sir Richard Bishop, Robbie Basho o Steffen Basho-Junghans, ofrecieron razones de suficiente peso para creer que más allá del elogiable atrevimiento hay madera. Fingerpicking, secuencias repetitivas y disonancias propias del imaginario de John Fahey nos obligan a fijar la vista en este nombre, James Blackshaw. Apunten, apunten.

Después vino otra de esas citas condenadas de antemano a la perpetuidad del recuerdo. Josephine Foster no pertenece a ningún tiempo, si acaso podemos imaginarla salida de una comuna perdida entre las colinas de los Apalaches o en algún remanso del Mississippi del algodón y la represión. Tampoco chocaría verla como hermanastra de The Carter Family en una de las postales desteñidas de la antología de Harry Smith. Con una apariencia entre hippie y lunática Josephine Foster cubrió el auditorio del MARCO (Museo de Arte Contemporánea de Vigo) convertido para la ocasión en el Salón Sinsal, con el repertorio de arias folkies de una soprano frustrada (según sus, creemos y confirmamos, equívocas palabras). Para los que habíamos subrayado con fluorescente la cita nos quedaba la duda de por dónde irían los tiros. Una guitarra española como único acompañamiento tan desnuda como su voz (¡que voz!) despejó la duda, el folk psicodélico de all leaves are gone (Locust 2004) su anterior trabajo, el ‘indie’-folk de The Children’s Hour o el lirismo oscuro pero tradicional de otro de sus proyectos Born Heller, se transformaron en una nana psicótica de 40 minutos. Nana porque es imposible desligar la invitación a sumergirse en el paseo onírico en que terminan mutando las sonoridades; bosques, lunas llenas, manzanas mordidas, nubes de formas imposibles, árboles que susurran o reflejos serpenteando en el mar retratan el cancionero, igual de avieso que de rutilante. El calificativo psicótico nace de una mirada que provoca cosquillas en los ojos al mismo tiempo que asoma a Charles Manson cuando se pierde. Hay algo en esos gorgoritos, en esos vibratos temblorosos, agudos casi aullidos que esconden la patología neurótica de un personaje anacrónico que busca en el misticismo esotérico la vía de escape a una vida impostada en un Chicago que no se parece en nada al mundo medieval de fábulas y fantasías naturistas del recién estrenado hazel eyes, i will lead you (Locust 2005), discurso éste descrito desde la portada hasta la último de los versos (where there are trees / i will walk there! / on what has been left, / i will rest / and in the hole / wich is thickest / i’ll bury my shoes, / i’ll bury my dress). Por el camino versión de golden windows de, sus admirados, The Cherry Blossoms y como síntesis unas palabras de Neruda, “una ceremonia de celebración de la vida, bella y efímera como los altares de flores y los amores de paso”. Pelos de punta.

Textos: Rafael Romero