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Salón Sinsal primavera

revisión salón estación
primavera 2005

Gang Gang Dance 14/05/05 Museo de Arte Contemporánea de Vigo

Con este Salón Sinsal se cerró la estación primavera del Festival Sinsal_música para as catro estacións. Como suele suceder con lo mejor hubo que esperar y hacer bueno el dicho que tilda a la paciencia como la madre de todas las ciencias, espera anecdótica si hablamos de GANG GANG DANCE, uno de los caramelos más apetitosos de la excepcional programación que nos ha venido acompañando estos meses. Lizzi Bougatsos (voces), Josh Diamond (guitarra), Tim DeWitt (batería) y Brian DeGraw (teclados) le ponen los nombres a este cuarteto venido de Manhattan representante de ese imaginario colectivo (ni se conocen entre ellos e incluso reniegan) de bandas como Black Dice, Double Leopards, Wolf Eyes (el martes 21 de junio los tendremos en Vademecwm), Sightings, Mouthus o Excepter cuya disparidad sonora si converge en un punto de encuentro, la brillantez. Tras haber sacudido el underground neoyorquino con una suerte de art-rock experimental capaz de vincular los latigazos más temerarios con la asombrosa capacidad de asimilar y hacer suya la identidad de las músicas del mundo descritas y fusionadas en su último trabajo god’s money (The Social Registry 2005) disponible desde mayo a través de Green Ufos, Gang Gang Dance dejaron bien claro porque son noticia en los corrillos más críticos y exigentes de la prensa internacional. Olvidado el ruidismo abrasivo de sus primeros trabajos en cd-r como revival of the shittest o su debut gang gang dance para el sello Fusetron, reeditados ahora en vinilo y cd respectivamente por The Social Registry, en god’s money destaca la sobriedad de composiciones que por primera vez pueden defender su condición de canción, tanto en la parte musical como en la profundidad de las letras. Llevadas a las tablas, esas canciones sobrevuelan un mapamundi tribal de armonías étnicas que enganchan y seducen por la frescura que finalmente deviene en un fragor ritualista (glory in itself) dónde los cánticos distorsionados por el delay o las melodías reverberadas invocan sinfonías fantasmagóricas que vapulean un clima en todo momento controlado por músicos que apuntan al caos como pauta existencial sin olvidar la destreza en la ejecución. Cacofonías, ecos que terrorizan la belleza (before my voice fails) enlazan al mismo tiempo actitud punk, el folk tortuoso de sus compañeros de estudio Animal Collective y demás aristas que recuerdan a todo pero no se parecen a nada, identidad y autoridad intactas. Con los ojos cerrados la estampa describe algún tugurio perdido en Turquía, aromatizado en hachís, con la audiencia bailando en círculo sugestionada y preocupada de glorificar a esa divinidad inadaptada llamada Gang Gang Dance. Sospechas (más que) confirmadas, a sus pies.