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revisión donna regina


revisión donna regina
venres 11 xuño/2004 - 2º Festival SINSAL - teatro salesianos

El motor que alimenta la inquietud musical de los vigueses no arranca. Ni el poder persuasivo de un cartel deslumbrante, ni las facilidades económicas o de ubicación son capaces de congregar una audiencia acorde a los nombres.
Con una entrada ridícula, el grupo «local» Overlook tenía una atractiva oportunidad para mostrar sus virtudes. Definen su sonido como trip-hop con reminiscencias de pop electrónico potente, bases contundentes y voces cuidadas. La realidad descubrió un refrito de grupos como Muse, Placebo o Radiohead incapaz de salir airoso. Atrapados en el efectismo, Overlook pecó de un sobredimensionado exceso de actitud, forzado e impotente para abrir una ventana en la que mostrar algún rayo de luz, ni siquiera las proyecciones sirvieron para despistar el tedio.
Continuó Apenino, proyecto del otrora Dar Ful Ful Marco Maril, acompañado por una pareja femenina de coros, una melódica, bajo, guitarra y un puñado de bases programadas. Apoyado en composiciones nada efectistas, Apenino conquistó al público con sonoridades capaces de sorprender por su carácter sencillo y sentido. Un mundo mágico dónde las canciones son juguetes que sirven para destripar las penas más cotidianas.
La clase se tiene o no se tiene y a Donna Regina le bastó la presencia para refrendarlo. El dúo, convertido en trío para el directo, nos regaló un concierto exquisito.
El recitado de Regina Jannsen, las pulsaciones electrónicas de unas bases tan estilizadas como contundentes (Overlook tomen nota) y el ajustado acompañamiento de la guitarra (ecos de Durruti Column) decoraron el auditorio con un ritmo pendular que en ningún momento perdió ritmo. Viendo a Donna Regina uno no entiende la resonancia más bien discreta de sus discos, se consuela intentando comprender que el directo es un medio que desnuda los defectos o virtudes, y en el caso de Donna Regina eleva a ferviente admiración su tratado preciosista de eso que llaman pop-electrónico, el aire volátil de unas canciones que consiguen prolongar el eco hasta el infinito.
El acertado pulso de los trazos en la ejecución de las canciones hilvanaron un recorrido sin dobleces, desbordando la sensación de vértigo y barnizando de coherencia envidiable un repertorio que camina por la sensibilidad extrema sublimando la necesidad de vivir emociones tan nítidas y tangibles. Se despidieron con dos bises impostados por un público entregado y con un «sois muy gentiles», no podía ser menos, el de ayer fue un concierto clase A. Enormes.
Rafa Romero