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Revisión estación verán


sinsal y la fábrica de sueños

4/07/06 Auditorio Caixanova

“Si piensas llegar a alguna parte en la vida debes leer muchos libros”. O mejor esta; “el sexo es como meterse el dedo en la nariz, estupendo cuando lo hace uno mismo, pero asqueroso cuando lo ves hacer a los demás”. Sin duda citas sugerentes, discutibles, igualmente atractivas. Ambas de Roald Dahl, creador de la fábrica de chocolate más conocida del mundo. Sirvan las palabras del padre de Charlie para hablar de la actuación de CocoRosie, porque de la infinidad de detalles que salpicaron el antes, el durante y el después de la actuación para mi en esas líneas se esconde el mejor paralelismo.

El embobamiento que pintaba la cara de una de las hermanísimas CocoRosie, Bianca, sentada en el suelo mientras pasaba páginas del “Best of Roald Dahl” en la interminable prueba de sonido. Viéndolas con ese libro, la cacharrería Toys ‘R’ Us, el vestuario de fiesta del pijama uno entiende que el haber subido a ese peldaño en el que ahora se mueven (huele a más orquesta en el escenario y a auditorios para 2000 personas) no ha matado al niño que las llevó hasta allí. Porque actuaciones como en la pasada estación Verán del festival Sinsal (sold out incluído!), más allá de la subjetividad de los gustos u opiniones, deberían aplaudirse por ser capaces de conjurar a ese niño travieso que a los 25 todavía tiene ganas de pintarse la cara con las pinturas de mamá, o de robarle la botella de whisky a papá para darle un chupito y decirle adiós a los nervios, desinhibirse lo suficiente para subirse a un escenario y darle sentido a ese mundo que crearon en una bañera entre pompas de jabón. Eso sí, si es posible que el niño funcione, es gracias a la formación clásica, a ese otro niño que fue a clases de canto y solfeo y a unos acompañantes que empiezan a pesar más en el armazón escénico. Eso son, para nosotros, CocoRosie. Sin duda uno de los conciertos más emocionantes que puedes ver ahora mismo. No es fácil encender al público con esas armas, y más que eso, es tremendamente difícil robarle una parte del corazón, porque cuando termina el concierto y el telón se baja te invade una sensación estúpida de vacío, algo parecido a la llamada de mamá a casa de tu mejor amigo/a para decirte que tocaba volver, había que estudiar solían decir.

Musicalmente pasearon poco por ‘la maison de mon rêve’, más centradas en visitar ‘noah’s ark’ y en unas nuevas canciones extrañamente optimistas y bailongas, parece que ahora se preocupan más en disfrazar el dramatismo con piruetas, albricias y zapatetas. Igual de hechizantes pero más vivarachas, igual de magnéticas pero más humanas y definitivamente más divertidas. Queda el eco de las gargantas de seda, esos cantos de sirena que todavía resuenan y la estampa de un auditorio completamente entregado a través de las palmas o de las brillantes caras que más cerca han estado de la definición ser y sentirse feliz. Tanto como meterse el dedo en la nariz o cenar en el camerino una ensalada de sandía con queso, tanto como creer que los sueños sí se cumplen, basta con vaciarlos de los bolsillos y dejarlos volar y a eso a estas niñas no hay quién las gane. ¡Abracadabra!

Rafa Romero